viernes, 22 de marzo de 2013

HABLEMOS UN POCO DE LA AMISTAD



Últimamente estoy empezando a pensar que la amistad está sobrevalorada.

Hace poco leí en un libro que uno de los secretos de la felicidad es no esperar nada de la gente. Fácil... Si no esperas nada de nadie, y no tienes expectativas sobre lo que puedas esperar de la gente, no te defraudarán y en consecuencia, serás más feliz, o mejor dicho, menos infeliz.

Al fin y al cabo, amigos de verdad, hoy en día, en esta sociedad, hay bien pocos, y como hoy estoy pesimista, podría decir que ninguno. Tenemos gente alrededor a los que llamamos amigos, que vemos más o menos poco debido, mayoritariamente, a nuestro ritmo de vida, y pasamos ratos agradables con ellos, y hasta se podría decir que nos lo pasamos bien. Supongo que es por eso, porque la frecuencia es escasa. Y no quiero decir con esto que sean malas relaciones de amistad, seguramente se trata de buena gente queriendo estar con buenas personas, con las que tienen algún interés común y quieren disfrutar de una mutua compañía agradable. Al fin y al cabo, por algo nos buscamos, ¿no?

Pero trabajar la amistad... es otra cosa. Prácticamente es como un matrimonio, hay que trabajarlo cada día, mantener el contacto, cuidar la amistad, mimarla, y no dar por sentado, que por el hecho de tener un mejor amigo o amiga, ya está, va a estar ahí para siempre. Tal vez sí, tal vez no, pero a la larga, si eso no se cuida y se mantienen unos mínimos, como cualquier tipo de relación, se acabará enfriando y probablemente se acabe convirtiendo  en uno de esos tipos de amistades con los que se queda de vez en cuando, que el encuentro es agradable, (o no...), a quien ya no le puedes contar todas tus confidencias, problemas, inquietudes, ni contarle como te sientes, porque hace tanto tiempo que no se tiene contacto, que para que te entienda hay que remontarse tanto en el tiempo y en los recuerdos que es agotador. Por lo que a la pregunta de "¿Cómo te va todo?" es más fácil responder con un "Bien" y ponerse a hablar de cosas más triviales.

En mi caso personal, siempre me pasa un poco lo mismo. En las relaciones que yo llamo de amistad, creo que doy mucho, exactamente todo lo que me gustaría recibir a mí, pero por varios motivos, casi nunca es así. Me acabo golpeando contra un gran muro de piedra y haciendo daño al esperar unos mínimos de amistad o consideración, que me parecen normales; y cuando no los recibo, me llega la frustración, el enfado y el mal rato.

A veces pienso que debería ser más fría, dar exactamente lo que recibo, no esperar nada de la gente para luego no tener sentimientos frustrantes, e intentar ser un poco más feliz. Pero por otra parte, pienso... "Esa no sería yo"... porque de la misma manera que paso malos momentos cuando me decepcionan, también paso muy buenos momentos dándolo todo en mis relaciones de amistad, disfrutando de ella, y viendo como disfrutan también mis amigos, sorprendiéndoles, haciéndoles reír, haciéndoles un regalo sin que sea por ningún motivo especial, salvo por el hecho de que sé que les encantará, ver sus caras de sorpresa e ilusión... sentimientos que me hacen sentir que estoy viva y viviendo. Y esos momentos, hasta ahora han sido muchos más que los decepcionantes, aunque he de reconocer que estos últimos me pesan más ahora mismo.

Y es que, precisamente en este instante, estoy en uno de esos momentos de enfado, rabia, frustración, por algo que esperaba de alguien, que no me parecía demasiado, y no lo he recibido, produciéndome sentimientos confusos, pues estoy muy enfadada, porque sé que lo que yo esperaba de esta persona, yo lo hubiera hecho por ella con los ojos cerrados. Pero bueno, está claro que no puedo cambiar a la gente, aunque lo que sí puedo hacer es decidir de quien quiero rodearme.

Solo espero que estas situaciones, no se repitan mucho, y no acabar siendo un tipo de persona que para no sufrir, renuncie también a amar. Ya no sería yo.

Ya no sería el espejo de mi reflejo. 

jueves, 27 de agosto de 2009

¡¡Es que sois todas iguales!!

Es la segunda vez en un breve periodo de tiempo que mi pareja me sorprende con esta frase.

Por supuesto mi reacción después de oír esto, no puede ser muy positiva. Especialmente si la pronuncia después de hablar de su hermana; su hermana, la que tiene cuarenta años y sigue viviendo en casa de sus padres, la que nunca ha tenido pareja por el pánico que siente a los hombres y al sexo (yo creo que fomentado por una educación estricta por parte de su madre, me diga lo que me diga mi pareja) la que no tiene trabajo y últimamente ni siquiera tiene intención de encontrarlo, ya que ya ha encontrado a quien le pague la hipoteca alquilando el piso que tiene en propiedad, al que nunca se ha ido a vivir, porque se está muy bien en casa de papá y mamá; la que no está motivada a encontrar trabajo porque eso supone relacionarse con la gente, y la gente, a veces, aunque sea de broma, habla de sexo o cuenta chistes verdes, cosa que esta chica no soporta y entonces se ve obligada a abandonar el trabajo de un día para otro. Pero independientemente de que esta chica tenga un montón de cosas que afrontar y superar; pues… a ver… que después de hablar de ella, tu pareja te diga que “sois todas iguales”… bueno, me siento equiparada a ella… y vamos, como que no, que por ahí no paso.

Pero no he venido hasta aquí para criticar a mi futura cuñada ni a afilar mis uñas en el teclado contra ella (aunque no lo parezca, y eso que sería un día propicio para hablar de cuñadas malévolas, ya que hoy una amiga mía me ha contado la humillación que la ha hecho pasar una cuñada con síndrome de inferioridad; pero eso lo dejaré para otro día en que me apetezca ser aún más cruel).

Continúo: Así que después de la frase de la discordia, hemos tenido una pequeña charla, (pacífica, eso sí, sin una voz por encima de otra), en la que le he dejado claro que no me gusta nada, pero nada, que me suelte frases de ese estilo. Más aún, cuando en momentos empalagosos no hace más que repetirme que le gusto porque soy totalmente diferente a las chicas que conoce (…). Y es que si somos todas iguales, como ha dicho en ese arrebato de hartazgo, pues bueno, por esa regla de tres, le daría igual estar conmigo que con una de las citadas chicas que conoce. Total, solo cambia el envoltorio, si somos todas iguales, pensamos todas igual, y nos comportamos todas igual… que más da una que otra, que pillaremos todas los mismos berrinches por chorradas, y nos emocionaremos con las mismas cosas. Todo se limitaría en elegir si apetecen rubias, morenas o pelirrojas, altas o bajas, delgadas o gorditas; según el día.

Si me acojo a esa frase, yo también podría decir la típica frase de “Todos los hombres sois iguales”. Pero no lo digo. Ya que si realmente fuera así, yo no estaría con él. Hace tiempo que había decidido renunciar a estar con chicos/hombres que no me aportaran nada, hasta que apareció él: totalmente diferente y único a todo lo que me había encontrado hasta el momento. A mi me enseñaron en la universidad que cada individuo es único e irrepetible y rico en su individualidad. Podemos tener ciertos patrones de comportamiento por género, pero ni todas somos iguales, ni todos los tíos son unos cabrones (total… puestos a generalizar, esto también se oye mucho entre el género femenino).

Bueno, al menos creo que a mi pareja por esta vez le ha quedado claro. Parece ser que la última vez que me dijo esta frase ha pasado a la papelera cerebral, pero como dice el chiste que compara a las mujeres con un ordenador: “Las mujeres se parecen a los ordenadores en que tienen una memoria de la ostia….”

domingo, 16 de agosto de 2009

El llamado Sexo Débil


Me está empezando a cansar esta expresión. Que todo se limite a una simple cuestión de fuerza física para que nos llamen sexo débil. Por supuesto no podemos equipararnos en fuerza a un hombre, al menos la mayoría de las mujeres no podemos; aunque conozco a alguna que sí, pero no es lo habitual.

Hace unos días, empezaron a emitir un nuevo programa de televisión (no recuerdo en qué cadena, pero da lo mismo, puesto que todas emiten la misma bazofia), en la que unos concursantes, tenían que recorrer 20 metros para poder responder a una pregunta. Los concursantes eran dos mujeres y tres hombres. El caso es que todas las pruebas que tenían que sortear, requerían de gran fuerza y resistencia física. ¿Quiénes fueron las primeras personas descalificadas? Está claro: las mujeres. ¿Quién ganó? Pues un monitor de un gimnasio, que hasta él mismo decía que las pruebas eran muy duras. Lo que no entiendo, es que si en todas las pruebas físicas hay diferentes baremos para hombres y mujeres, ya que la capacidad física de unos y otras son diferentes, porque en este programa los meten a todos dentro de un mismo saco. Ya se sabe quien va a ganar. Una mujer lo tiene difícil.

Pero hoy no voy a hablar de un programa insulso de la televisión (a pesar de la influencia que tienen en la población, ya que para ello no daría abasto con este blog, y no sabrían por cuál empezar. Me apetece hablar de un tema de sexos: el llamado sexo fuerte y el llamado sexo débil.

Dice una teoría por ahí, relativamente reciente si se tiene en cuenta los siglos de historia que llevamos a nuestras espaldas, que todos somos iguales, en cuanto a raza, nacionalidad, sexo y un montón de cosas más. De todo esto, se ha de reflexionar a ver si es cierto que realmente hay igualdad. En los países más o menos civilizados, esto se intenta llevar a cabo, y menos mal que existe esta teoría, porque de no ser así, la minoría (que no es tan minoría), que no respeta esta igualdades, sería aún mayor.

Me remonto a la prehistoria, en concreto, hasta los hombres primitivos que empezaron a habitar este planeta. Esos hombres que no comprendían las fuerzas de la naturaleza, y al no comprenderlas y temerlas, las adoraban. Eran sus dioses, puesto que si no contaban con la tierra, el fuego, el aire o el agua, no podían vivir. Otra cosa que no comprendían muy bien, era el hecho de la vida. ¿Cómo era posible que una mujer pudiera engendrar vida? Lo que si entendían era que eso era un hecho fundamental para la supervivencia. Con lo cual, las protegían y adoraban. De hecho, en un principio, todas las sociedades que vivían sobre este planeta, eran matriarcales, las mujeres dadoras de vida eran las que gobernaban, especialmente aquellas más longevas. También adoraban a la madre tierra, que era quien les daba de comer. Hasta que… alguien decidió que todo esto era pagano, que no se podía adorar a muchos dioses, que había que adorar a uno solo, (que ya les dirían quien sería, puesto que el negocio aún estaba en proceso de invención) y que a ver qué era eso de que una mujer gobernara, que tenían que ser los hombres, los fuertes, y para empezar, el dios ya sería masculino.

Entonces se cambiaron las tornas, las mujeres pasaron de ser adoradas, a ser consideradas un ser inferior. Por si fuera poco, la iglesia católica las considera portadoras del pecado original. Me encantaría saber qué tipo de misógino machista se invento este concepto. Y no solo esto, sino que pasaron a ser las culpables de todo tipo de tentación, y casi, casi, equiparadas al mismísimo demonio. Podría ponerme a discutir aquí también sobre el mencionado pecado original y la más que dudosa existencia de Adán y Eva, pasando por alto todo tipo de teorías evolucionistas, pero esto me llevaría mucho tiempo, y un gasto inútil de mala leche.

En fin, que por ordeno y mandato de la iglesia católica, las sociedades matriarcales quedaron relegadas al olvido, para pasar a ser patriarcales, con un hombre a la cabeza, que era quien decidía lo que era bueno y lo que era malo, un Papa, y estaba claro, que lo más malo que había en ese momento en el mundo, era la mujer, que era quien tentaba a los hombres, y les hacía “pecar”, un “pecado” que hasta ese momento era lo más normal del mundo para engendrar vida. Y por supuesto, el hecho de satisfacer los instintos sexuales, que en muchas ocasiones incluso era contra la voluntad de la misma mujer, tenían una única culpable: la mujer, por tentar al hombre. Ya… es lo que pasa por tener pechos, ¿no? Y a partir de ese momento, el destierro social de la mujer culpable; eso sino se la lapidaba. Dicen que María Magdalena era una mujer muy culta y con un alto poder de liderazgo, que llevaba a las masas por donde quería. Esto podría ser cierto o no, pero ya se encargó la iglesia católica de calificarla como una prostituta. Pero no solo la iglesia católica ha relegado a la mujer por debajo del hombre, en realidad todas las religiones han supeditado a la mujer al poder masculino, y ejemplos de esto sigue habiendo hoy en día: la existencia del burka, lapidación de mujeres por mantener relaciones con hombres fuera del matrimonio (que yo sepa para tener relaciones sexuales, hacen falta dos personas, pero al hombre, casualmente nunca le ha pasado nada; claro, la mujer le ha tentado, y eso que lleva burka…), en fin, que por ser el sexo débil, siempre hemos sido el chivo expiatorio de todo tipo de actos sexuales y tentaciones que se consideraban delito.

Durante muchos siglos, las mujeres hemos sido las esclavas de los hombres, ateniéndonos a su voluntad física y sexual; nuestra vida no tenía el mismo valor que la de los hombres, ante actos de violación la mujer era la culpable por tentar al hombre, posiblemente inducida por el diablo,.... Se podría profundizar mucho en este tema y encontrar muchos ejemplos más, pero me extendería mucho, tanto como la vena del cuello se me está empezando a dilatar de la rabia.

Hoy día, hemos conseguido mucho en el tema de la igualdad de sexos. Podemos trabajar casi en los mismos puestos de trabajo que los hombres, conducimos, fumamos, podemos hacer el amor con quien nos apetece, pero… supongo que siglos de tradición genética siguen dejando su huella. Por otro lado, la equiparación salarial de hombres y mujeres en mismos puestos de trabajo no es la misma; si una se acuesta con demasiados hombres y lo cuenta o lo cuentan, ya no es aspirante a futura madre decente de familia, vamos, que aún quedan algunas cosas que limar, que con el paso del tiempo, espero que se vayan solucionando.

Pero hay algo, que ya no es solo una asignatura pendiente; ya se trata de un curso perdido a pesar de todos los esfuerzos que se están haciendo para evitarlo. Aún quedan algunos especímenes con mentalidad medieval, que consideran que cuando están con una mujer, esta pasa a forma parte del ajuar. Suya para siempre, hasta la muerte. Y así lo hacen. Las consideran de su propiedad, para hacer con ellas lo que quieran, y a pesar de que ellas no sean felices, cosa que a ellos les da igual, pues al parecer su mujer no ha nacido para ser feliz, sino para servirle, que no se les ocurra abandonarle, puesto que son suyas. Como dice la triste frase que alguno ha esgrimido en su defensa: “La maté porque era mía”. Que me enseñen en qué papel pone eso. Entre eso y la esclavitud, no hay ninguna diferencia, y la segunda ya está abolida.

Y aquí es donde nuestro sexo débil tiene todas las de perder. Como dije al principio, tenemos muy pocas posibilidades de equipararnos con la fuerza física masculina, algo que han usado durante siglos y algún misógino no declarado aún usa para doblegarnos. ¿Es que tenemos que apuntarnos a clases de defensa personal para evitar que nos ataque la persona que dice que nos ama? No me parece lógico. Pero si alguna valiente tiene la oportunidad de hacerlo, que lo haga. Y a ver que opinan después del llamado sexo débil.

Y es que volvemos a lo de siempre, se nos llama sexo débil para que ellos se sientan superiores, pero si echamos un vistazo global a la diferencia entre géneros, ¿quiénes viven más? ¿Quiénes son más resistentes al dolor? Si intento arrancarle un pelo de las piernas a un hombre, grita como no lo ha hecho en su vida (lo he comprobado), no me imagino que les pasaría si tuvieran los dolores menstruales que tenemos algunas o tuvieran que pasar por un parto, algo que tampoco les deseo.

Con todo esto, abogo por la extinción de la mentalidad de posesión de la mujer cuando se convierte en pareja; por la denominación de sexo débil y sexo fuerte a ambos géneros; por la paridad económica y laboral en altos puestos de trabajo, y por conseguir un mundo un poco mejor.

Antes de que se me tache de exageradamente reaccionaria, he de declarar, que por suerte, la mayoría de hombres que conozco, respetan a las mujeres como sus iguales, colaboran en casa, toman en cuenta sus ideas, respetan sus deseos sexuales, y hasta las aman. Y olé por ellos. Si alguien así lee esto, que no se ofenda, no va para él, va para los que hacen y opinan todo lo contrario, los cuales me pueden insultar y llamar lo que quieran, porque no me van a callar.

miércoles, 12 de agosto de 2009

APOLOGIA DEL VIBRADOR


Cada día estoy más convencida de que el mejor amigo de una mujer, es su vibrador.

Por si quedaba alguna duda hoy en día, sí, a las mujeres nos gusta el sexo tanto como a los hombres, o más. Solo que tenemos la mala suerte de que no somos tan rápidas, y nuestro placer hay que trabajarlo más. Seguramente a muchas nos gustaría ser tan rápida como algunos hombres, y presumir de muchos polvos y orgasmos, pero nuestro metabolismo es diferente; eso sí, cuando alcanzamos el orgasmo, es muy intenso.

Por el hecho de ser mujer me he encontrado con algunos problemas a la hora de saciar mis instintos más básicos, y eso que paradójicamente, casi todos mis amigos y chicos que conozco, darían un ojo de la cara por encontrar una chica con la que tener sexo sin compromiso, al menos eso es lo que dicen. Ni se imaginan que la mitad de las ocasiones que lo han dicho, esa chica estaba delante de sus narices. Pero bueno, tampoco tengo intención de acostarme con todos mis amigos ni conocidos. Tengo claro que la mejor forma de tener sexo sin compromiso, es con gente que no se conoce mucho y que sabe poco de la vida de una. Esto es lo que dicen los hombres ¿no?, y por esa regla de tres, para una chica debe de ser muy fácil conseguir aventuras sexuales. La realidad, no es tan sencilla.

En primer lugar, por la existencia de esa neurona que aún existe en el cerebro de los hombres que insiste en calificar a toda mujer que se acueste con un tío nada más conocerle, de “puta”, a pesar de que él también lo desee. Pero vamos a ver, ¿para que nos vamos a andar con tonterías? Si un chico se quiere acostar conmigo, y yo me quiero acostar con él, ¿por qué tengo que fingir que en realidad no quiero hacerlo? Es lo que me apetece. ¿Y porqué el hecho de acostarse con alguien que te gusta la primera noche, te hace descartable para mantener una relación seria con alguien? Nunca me ha gustado perder el tiempo, y si el sexo funciona entre dos personas, no veo porque hay que fingir, o hacerse la estrecha, solo para que una chica sea aspirante a posible pareja. Muchos, muchísimos de mis amigos y otros conocidos me han confesado que jamás saldrían con una chica que se acostara con ellos la primera noche. A mi simplemente, me parece que es una forma de empezar una relación como otra cualquiera, es más, un ahorro de tiempo y energía, si no funciona, sino hay química, pues ya está claro. Luego depende de cada uno y de los sentimientos puestos en juego, el hecho de que se quiera mejorar o perfeccionar este hecho, si la primera vez sale rana. Nada mejor que la práctica para ello.

Con el párrafo anterior, también quería aprovechar para decir que una relación esporádica, también puede ser el principio de una relación. Pero en realidad, hablábamos del sexo sin compromiso. Solo me faltaba decir lo anterior para que alguno pensara “¿Lo ves? Las mujeres usan el sexo para conseguir marido”. Que nadie se equivoque, también nos gusta el sexo, (pero de calidad), y no nos gusta que no se nos tenga en cuenta como “parejas a las que se pueden presentar a mamá” por dar rienda suelta a nuestro deseo sexual. Ya nos encargaremos más adelante de poner cara de buenas ante la suegra si la relación funciona.

Volviendo al tema de la caza sexual, como iba diciendo, aunque parezca fácil para una mujer conseguir todo hombre que desee, no es tan sencillo; a pesar de lo que dicen los mencionados amigos que tengo; porque por otra parte, mis amigas y yo, pensamos que no es tan fácil, al menos en lo que se trata de conseguir una buena relación sexual.

Pongámonos en situación. Nos preparamos y nos ponemos divinas de la muerte para saciar nuestra hambre, usamos todas nuestras armas para poder atrapar una presa. Esto requiere, quien más, quien menos, unas dos horas de preparación. Salimos a los bares, discoteca o lo que tercie esa noche, se inspecciona lo que hay alrededor; como siempre se acerca a revolotear lo que a una no le gusta, y de la forma más elegante posible se les espanta, puesto que hay otros potenciales especímenes observando y estos no queremos que se asusten.

Finalmente, alguno agradable a la vista, se acerca. Sino lo hace pero muestra interés con miradas y demás juegos, pues habrá que acercarse, ya que a medida que avanza la noche, las posibilidades de caza mayor, van disminuyendo y el listón se va bajando, con lo cual se corre el riesgo de aceptar lo que una no hubiera hecho en condiciones normales. Bueno, poniendo el caso de que una se acerca al objetivo agradable a la vista (puesto que él no se acerca), empieza el cortejo, y entre risas y cuchicheos, se le invita a pasar la noche con una servidora. En este punto, se corre el riesgo de que el personaje en cuestión se asuste; por mucho que digan y hablen, en el momento de la verdad, muchos no reaccionan. En más de una ocasión, casi he tenido que convencer a alguno para seguir adelante; y no porque yo sea un callo de mujer, supongo que esa neurona prehistórica, frena toda reacción y consecuentemente, acción. En ese caso, yo siempre opto por el paso a paso: “¿Qué tal unos cuantos besos intensos (sin compromiso) para ver si hay química?” Y así se arrancan ellos solos, hasta que te acaban arrancando la ropa en el salón de tu casa (o de la suya, o un hotel, coche, etc…), pero explicándolo todo paso a paso, que parece ser que si se dice bruscamente, la neurona prehistórica bloquea los circuitos; y sobre todo, que parezca que son ellos los que toman la iniciativa. Digan lo que digan, eso de que una mujer se les adelante… les baja la libido.

Si ya se ha llegado a este punto, ya se tiene mucho conseguido. Ahora llega la hora de la verdad: el disfrute MUTUO. Siempre he sido partidaria de un placer bidireccional. Si en algo envidio al sexo masculino (aparte de poder orinar de pie en cualquier sitio), es que en la mayoría de las ocasiones (sino hay problemas físicos o genéticos), tienen un 100% de éxito, mientras que nosotras, como dije antes, necesitamos más trabajo para igualar esta puntuación, y la verdad, es que en la mitad de este tipo de relaciones… no llego a la totalidad de mis posibilidades. ¿Factores que influyen? Muchos: alcohol, nervios, expectativas, egoísmo sexual…, en fin, muchas cosas que hacen que mirando hacia atrás, de todas las relaciones puramente sexuales, no llega al 50% las que me han sido totalmente satisfactorias, mientras que la parte contraria, me consta que se lo ha pasado muy bien.

Luego viene lo peor: los días después. No pasa siempre, pero en muchas ocasiones, después de haberse acostado con un chico por mero sexo, éste, no sé si porque no concibe que haya sido sexo puro y duro o porque quiere repetir, insiste en quedar otro día para tomar café o porque “quiere conocernos mejor”. Vamos, a ver: dos cosas; Una: sí, es sexo, puro y duro, no te quiero ni me quieres, ni nos queremos enamorar, el sexo por el sexo existe y no es tan raro, con lo cual, no hace falta quedar para tomar café con el fin de normalizar las cosas y darle una apariencia menos dura. Dos: si quieres repetir la experiencia, solo tienes que decirlo, y si la noche ha estado bien, volveremos a quedar únicamente para esto y nada más. No necesitas conocerme más, ni decir que quieres saber como pienso y como soy y otras tonterías o intentar enamorarme, con el único propósito de follarme de nuevo. Que no se nos diga que les importamos y que se nos quiere conocer más, si no es así, que luego se confunden sentimientos y todo se complica. Intentemos simplificarlo, que al fin y al cabo, seguro que ambos buscamos lo mismo. Solo hay que dejarlo claro, sin miedo, que todos somos mayorcitos.

Con lo cual, resumiendo, horas de preparación (maquillaje, depilación, etc,), despliegue de armas de seducción, poner en juego la reputación de una (sobre todo si se vive en ciudades pequeñas y la parte contraria, es de los que le gusta contarlo a todos sus amigos; vamos, la mayoría según los chistes), todo ello para un polvo que probablemente nos haya dejado a medias, las medias rotas, aguantar a alguien que no se conoce mucho durmiendo a tu lado, y que encima le has de preparar el desayuno, pfff, en fin, gente, que queréis que os diga, después de unas cuantas decepciones amorosas y sexuales, he llegado a la conclusión de que no hay mejor compañero para una mujer que UN VIBRADOR.

De hecho, voy a enumerar sus ventajas, las mismas que le comento a todas mis amigas, singles y no singles, y desde que me han hecho caso, se les ha cambiado la cara.

- Se puede usar en cualquier momento, depilada, no depilada, fea, guapa, y en cualquier lugar, a ser posible algo íntimo y según la capacidad pulmonar de cada una, insonorizado.
- Ayuda a conocer el cuerpo de una mujer, (sí, el punto G y el clítoris existen), ayuda a conocer lo que más le gusta a una mujer que se le haga, con lo cual si en alguna ocasión hay pareja de carne y hueso, se le puede orientar más fácilmente sobre lo que una desea.
- No se cansa ni te deja a medias, todo depende de la insistencia de una misma.
- Da mucha más seguridad en una misma, y aumenta la femineidad de una misma, sabiendo lo que puede tener y lo que puede ofrecer.
- A medida que se va conociendo el propio cuerpo con la práctica, se asegura un 100% de éxito.
- Al acabar no ronca ni hay que hacerle el desayuno.
- No se siente culpable por acostarse con una chica sin que medien sentimientos de por medio.
- Al acabar, se lava y se vuelve a guardar en el cajón hasta el próximo arrebato de pasión.
- Embellece. Personalmente, al acabar, me veo guapísima.

Estas son solo algunas de las razones que yo comento a mis amigas para convencerlas del hecho de que toda mujer debería tener al menos un vibrador en su casa; y no, no me financia ningún sex-shop. Es un descubrimiento personal, desde el día en que unas amigas, queriendo hacerse las graciosas, me regalaron mi primer vibrador: azul, tamaño africano. Ese día cambió mi vida, aparte de que tarde unos días en salir de casa, pude comparar lo que es realmente un orgasmo de un placer inicial. Hasta entonces no tenía referencias muy válidas.

Por supuesto, no pretendo sustituirlo por una pareja, también necesitamos de vez en cuando abrazos, mordiscos y a alguien de carne y hueso, pero es perfectamente válido para emergencias sexuales, mientras buscamos realmente lo que queremos, ya que también me he dado cuenta, que muchas veces, por un deseo sexual mal satisfecho o no satisfecho, acabamos con una pareja que no es para nada lo que deseamos tener a nuestro lado de forma estable, simplemente porque necesitamos sexo. Con lo cual, pienso que la mejor forma de mantener la cabeza fría y las cosas claras, es no tener el sexo caliente, para lo cual hay que calmarlo cuando está caliente, porque eso es inevitable.

Hoy en día, tengo pareja estable, pero mi pequeño “Papa Pitufo” (así le llamo), sigue conmigo, a mi lado, y por supuesto, mi pareja tiene conocimiento de la existencia de mi pequeño pitufin. A veces nos distanciamos físicamente, y ambos somos humanos y tenemos necesidades; él se alivia como puede, y yo con lo que tengo. Luego nos lo contamos, o nos escuchamos telefónicamente cuando estamos a lo nuestro. De hecho, él hoy no está, y yo me acabo de dar un homenaje a su salud, que me ha hecho recordar los viejos tiempos. Veo que el pitufo no ha perdido facultades, aunque del uso y de la humedad, supongo, las pilas ya no van; aún así, sigue ejerciendo su función perfectamente.

Bueno, me voy a la ducha.

lunes, 10 de agosto de 2009

Cuarto Aniversario

Quien me diría a mí que hace cuatro años, mi vida daría un giro tan brusco; un giro que provoqué yo misma, porque ya era hora de cambiar.

Hace cuatro años era una chica que se acercaba peligrosamente a la treintena y sin nada claro en la vida. Vivía en una pequeña y tranquila ciudad (demasiado tranquila para mi gusto). No tenía trabajo, porque la ciudad en la que vivía tiene el don de no ofrecer demasiadas ofertas laborales decentes, por no decir ninguna, de parejas del sexo opuesto… mejor ni hablar, puesto que también dejaban mucho que desear, lo cual obligaba a bajar mucho el listón de lo que una realmente deseaba, a cambio de un poco de amor o cariño, o ternura, eso a lo que los chicos llaman sexo. Y tenía alguna amiga, a quien yo llamaba mejor amiga, sobre la cual centré la mayor parte de mi existencia. Y es que si algo me caracterizaba en aquella época, era la utopía en la que creía: la amistad, porque en el amor, gracias a lo que había vivido y visto, ya no podía creer.

De repente un día, todo esto cambio, la amistad en la que yo había centrado erróneamente mi vida, me dio la mayor decepción que había tenido hasta el momento. Alguien a quien le contaba todo, confiaba en esa persona más que en mi misma, nos pasábamos horas al teléfono dándonos consejos y riéndonos de todo, no había día en que no tuviéramos contacto… bien, pues un buen día, esta persona decidió anteponer un pseudoamor a mi amistad. ¿Y a quien no le ha pasado esto, verdad? No hubiera llegado la sangre al río, sino fuera por el hecho de que ese pseudoamor que decidió poner por delante, en aquel momento estaba siendo mi pseudoamor. Utilizó cosas que yo le había contado a esta persona en confianza, para conseguirlo. En fin, si eso es lo que quieres, quédate con ese pseudoamor, pero alguien dijo que no se puede tener todo en la vida, y hay cosas que son incompatibles. Después de lo que yo sentí como una puñalada trapera, mi vida no podría ser la misma, y no por un pseudoamor, que al fin y al cabo, yo sabía que no iba a llegar a ninguna parte, sino porque la persona en la que más confiaba, la última persona que jamás hubiera pensado que me traicionaría, lo hizo, y por la espalda; con lo cual me gustara o no, mi vida iba a cambiar a partir de ese momento; más que nada, porque ya no podría contar con esta persona para compartir secretos, salir o charlar como si nada hubiera pasado. Aquí se produjo un antes y un después. Sí, mi vida era tan sosa, que se había centrado demasiado en una única cosa, que se había roto; algo que no se debe de hacer, al menos eso es lo que he aprendido.

Superada la primera noche de decepción, y como dice una amiga mía (esta es de verdad), en la dificultad está la oportunidad, y en unas horas, planifiqué el resto de mi vida. Como ya no tenía sentido quedarme en una ciudad que no me aportaba nada en ningún sentido, y que lo único que me ataba a ella eran ciertos vínculos de amistad, que me habían demostrado que no se le daba la misma importancia que yo, ¿Por qué no hacer lo que siempre había dicho que haría? Irme. Siempre decía que en algún momento me iría de la ciudad, pero cuando lo decía, no me lo creía ni yo, y de repente, surge la oportunidad. Mi hermana estaba trabajando en aquel momento en una ciudad que siempre había querido visitar; la llamé y le comenté lo que me había pasado. Como ella también de decepciones amistosas sabe más que yo, puesto que en mi familia le damos una importancia asquerosa a la nobleza y a la amistad, me apoyó inmediatamente, y me dijo que me fuera con ella.

Lo que son las cosas, desde aquel momento, se me pasó todo el dolor que había sentido hasta el momento. Tenía planes, y una vida que organizar en una semana, con lo cual, no quedaba sitio para la autocompansión y el rencor, y otro tipo de sentimientos que no llevaban a ninguna parte. Eso sí, no me iba a quedar sin decir lo que pensaba a esta persona, para lo cual le había escrito una carta diciéndole como me había sentido con su actuación, y que no se preocupara por mi, ella había elegido y yo no sería un estorbo. Dos días antes de irme, esta persona me llamó por teléfono para hablar, se sentía mal y decía que me echaba de menos. Decidí hablar con ella, y me pareció muy cruel mandarle la carta desde donde empezaría mi nueva vida, sin darle turno de réplica, al menos se merecía una aclaración verbal. Así que quedamos, y le di la carta para que la leyera delante de mí. Desde luego no se esperaba para nada mi reacción. Precisamente era ella quien siempre me decía que era muy espontánea e impredecible. Como me imaginaba, me dijo que si dejaba su relación con su psedoamor, si cambiaría de opinión; “pues lo siento mucho, pero no, el mal ya está hecho; y lo que me ha dolido no es que me quitaras a un tío, puesto que hay mil, sino que pasaras por encima de mi y lo hicieras a mis espaldas. Además si te obligara a hacer eso, luego me acabarías odiando por obligarte a hacer algo que no quieres, con lo cual, no hay nada que hacer. Mi futuro no está aquí y me voy”.

Sin reaccionar y aparentemente muy triste, esta persona se fue a su casa, me dijo que se iba a su casa a pensar. Dos horas más tarde, me llama su pseudoamor con el mismo objetivo: convencerme de que no me fuera. Casi me hacía gracia, de repente, todo el mundo se preocupa por mí, y quiere que me quede. ¿Para qué? ¿Para animar vuestras sosas vidas o minimizar vuestro sentimiento de culpa? Ni hablar, ya me habéis demostrado lo que estáis dispuestos a hacer por mi.

En ese momento, cambio una premisa en mi vida, y la nueva, pasó a ser la siguiente: “Dar lo mismo que recibo”. Como dije antes, vivía en una utopía, y daba mucho por las personas que estaban a mí alrededor, sin recibir lo mismo, pero me daba un poco igual; tenía mis pequeñas decepciones, pero como era mi forma de ser, seguía haciendo lo mismo. Por suerte, pude cambiar y seguir el consejo que estas dos personas me dieron: “Tienes que pensar más en ti misma”. Pues si eso es lo que estoy haciendo, ¿porqué ahora me estáis intentando convencer de lo contrario?

En fin, acabemos con el motivo, y vayamos a los principios. Como todos los principios, son difíciles. Me vine sin nada, creo que tenía 300 € ahorrados en mi cuenta; vine sin trabajo y sin vivienda. Por supuesto, me podía quedar el tiempo necesario en casa de mi hermana, pero ya eran cuatro en esa vivienda, y yo siempre he querido tener mi espacio, con lo cual, tenía que darme prisa. Aparte que 300 € no dan para mucho, pero bueno, siempre me podía prestar la familia. No sé que hubiera hecho sin ellos. Mis pobres padres se quedaron de piedra cuando les dije que me iba definitivamente de la ciudad a buscarme la vida, dos meses antes se había ido mi hermana, y ahora me iba yo, en teoría por motivos laborales; tampoco les iba a contar mi problemilla. No lo hubieran entendido.

Como decía, los principios fueron difíciles, pero mirando hacía atrás, tampoco los recuerdo traumáticos, ya que tenía unas ganas locas de tener el control de mi vida. Y eso que el primer piso que vi, era de un tío muy raro, de unos 70 años, aficionado a tener parejas, casualmente de mi edad. También casualmente, el casero vivía en la misma casa que yo alquilaría, aunque para ello tuviera que dormir en una butaca del salón, y por supuesto, a compartir piso con otro chico sudamericano. Por si fuera poco, cuando me vio reticente, bajó el precio del alquiler, que ya de por sí era barato. Un poco sospechoso sí que era todo esto, ¿no?

Encontré otro piso, que tampoco era ningún chollo, pero con mis ganas locas de encontrar mi espacio, lo acepte. Compartía habitación con una chica de unos 50 años, separada, cuyo marido estaba en la cárcel por haber intentando quemar el piso con ella dentro. Y puedo decir que aún había huellos del incendio en el piso.

De lo malo, malo, mi nueva compañera de piso, me ayudó a buscar trabajo, y se convirtió en mi jefa. Por suerte, teníamos turnos contrarios, porque la verdad, esta chica, muy normal, tampoco era. Tenía una gran predisposición a actriz dramática… La de numéritos que tuve que aguantar… y yo haciéndome la tonta, haciendo como que no me daba cuenta de nada, ya que solo quería llamar la atención. En fin, un caso de señora. Todo se desencadenó, cuando vinieron dos amigas mías a verme, y mi querida compañera de piso, las echó de casa. En ese momento, pensé que ya iba siendo hora de cambiar de piso, y ya que estábamos, de trabajo.

Hasta ese momento, trabajaba en una cafetería, yo, que hasta ese momento, solo hacía café para mí, y no tenía ni idea de cómo se hacía. Pero todo se aprende, y estuve casi un año en este puesto, mientras acababa un idioma que me había quedado pendiente en mi antigua ciudad. Ya estaba en quinto de la escuela de idiomas, y no iba a dejarlo por una decepción. Tampoco le iba a dar tanta importancia a esta persona. Así que en cuanto acabé el curso, y ya podía buscar un trabajo, que no implicara levantarse a las cinco de la mañana, empecé a buscar nuevo piso y trabajo. De aquella, mi hermana también tenía problemas con un compañero de piso, que incluso había llegado a amenazarnos de muerte, con lo cual, dada la situación, ambas decidimos buscar vivienda juntas. Y la encontramos, ya en la gran ciudad, un piso a compartir con otro chico, y de paso, encontré un nuevo trabajo en una tienda de deportes. Pero mi objetivo era encontrar aquello para lo que había estudiado. Eso era lo que le había dicho a mis padres, y ya era hora de ponerse las pilas, que por otra parte, tampoco me venía mal.

Y así poco a poco, he pasado por tres trabajos más, ya de mi especialidad. En el primero de ellos, me timaron en el sueldo, no pagaban lo que me prometían. Duré 20 días, pero duré tan poco porque tuve la suerte de que me llamaron de otro sitio en el que había hecho la entrevista un par de meses antes. Y me fui a este nuevo trabajo, donde estuve casi dos años. Al principio todo muy bien, una oportunidad, experiencia y todo lo que una se dice para justificar un sueldo bajo, hasta que ya se ve que la falta de experiencia se ha quedado atrás y se es una figura bastante imprescindible en la empresa como para estar por debajo de los mil euros mensuales. Después de muchas protestas, negociaciones y largas, un día se le escapa al jefe que en esta empresa no se hacen excepciones, y que no va a haber aumento de sueldo ni ahora ni nunca. “¿Ah, si? Muy bien, mañana mismo empiezo a buscar otra cosa, que lo sepas, jefe”.

Cinco meses y nueve entrevistas después, conseguí lo que me propuse. Mejor trabajo con mejor sueldo, con reconocimiento personal, y con muchas ganas, pues cada día aprendo algo nuevo.

Lo mejor de todo, es que encontré en esta ciudad lo último que esperaba encontrar: mi pareja ideal. Ya había dicho que mi lema era dar lo mismo que reciba, y si eso significaba dar cero, pues daría cero, a partir de ese momento, lo más importante en mi vida (aparte de mi familia), sería yo misma. Y en esas estaba, disfrutando de mí individualidad, cuando apareció alguien que tenía todo lo que yo había estado buscando en un hombre. Porque en pleno apogeo de mi individualidad, había hecho un listado con las condiciones que tendría que tener que el hombre que estuviera a mi lado, y si no tenía todo eso, pues prefería estar sola a tener que renunciar a lo que yo buscaba. Y ahí estaba yo, tan chula, tan individual e independiente, cuando aparece mi hombre ideal y me pide compartir mi vida. Está claro que no me pude negar.

Con lo cual, llevo aquí cuatro años, los cuatro años más felices de mi vida. Tanto es así, que incluso debería llamar a esa persona que me traicionó y a su pseudoamor y darles las gracias por abrirme los ojos. Lástima que haya borrado sus números de teléfono…

Desnudando la lengua

¿Qué porqué este título? Porque necesito un sitio donde mostrarme tal cual, desnudar mi alma, y decir lo que siento sin pelos en la lengua, por eso en este blog he decidido desnudar mi lengua.

Supongo que como mucha gente que conozco y el resto que imagino, muchas veces la sociedad, los amigos que creen conocernos y otras cosas de la vida, nos impiden mostrarnos tal cual somos, y decir lo que pensamos. Hay que cosas que me gustaría contar y escribir, pero que por diferentes motivos no me interesan que sepan personas que saben quien soy; así que utilizaré este blog de una forma muy sincera, pero no al 100 %, pues la primera que se oculta como persona soy yo. Por ello, al saber que ahora mismo soy una persona totalmente anónima, puedo hablar de lo que me apetezca sin que se me juzgue en mi vida “social”, por llamarla de alguna manera, y que si alguien me juzga, sea solo a través de lo que se lea en estas líneas. Y eso, sinceramente, es algo que no me importa demasiado; a quien le guste lo que lee, que sea bienvenido, a quien no le guste… será por blogs… Nadie le obliga a quedarse. ¿Acaso no hay libertad de expresión? También la hay de elección, y cada uno puede elegir lo que quiere leer o no volver a pasar nunca por aquí.

Aquí dejo esta introducción, que tal vez sea el principio de una larga saga, todo lo dejaré a la elección de mi inspiración.
P.d. Solo hay una persona que me conoce muy bien a la que le he dado el privilegio de ver desnuda mi lengua; para eso no ha hecho falta un blog, me conoce perfectamente y ante ella me puedo mostrar tal como soy. Sé que cuando lea esto, se dará por identificada.