lunes, 10 de agosto de 2009

Cuarto Aniversario

Quien me diría a mí que hace cuatro años, mi vida daría un giro tan brusco; un giro que provoqué yo misma, porque ya era hora de cambiar.

Hace cuatro años era una chica que se acercaba peligrosamente a la treintena y sin nada claro en la vida. Vivía en una pequeña y tranquila ciudad (demasiado tranquila para mi gusto). No tenía trabajo, porque la ciudad en la que vivía tiene el don de no ofrecer demasiadas ofertas laborales decentes, por no decir ninguna, de parejas del sexo opuesto… mejor ni hablar, puesto que también dejaban mucho que desear, lo cual obligaba a bajar mucho el listón de lo que una realmente deseaba, a cambio de un poco de amor o cariño, o ternura, eso a lo que los chicos llaman sexo. Y tenía alguna amiga, a quien yo llamaba mejor amiga, sobre la cual centré la mayor parte de mi existencia. Y es que si algo me caracterizaba en aquella época, era la utopía en la que creía: la amistad, porque en el amor, gracias a lo que había vivido y visto, ya no podía creer.

De repente un día, todo esto cambio, la amistad en la que yo había centrado erróneamente mi vida, me dio la mayor decepción que había tenido hasta el momento. Alguien a quien le contaba todo, confiaba en esa persona más que en mi misma, nos pasábamos horas al teléfono dándonos consejos y riéndonos de todo, no había día en que no tuviéramos contacto… bien, pues un buen día, esta persona decidió anteponer un pseudoamor a mi amistad. ¿Y a quien no le ha pasado esto, verdad? No hubiera llegado la sangre al río, sino fuera por el hecho de que ese pseudoamor que decidió poner por delante, en aquel momento estaba siendo mi pseudoamor. Utilizó cosas que yo le había contado a esta persona en confianza, para conseguirlo. En fin, si eso es lo que quieres, quédate con ese pseudoamor, pero alguien dijo que no se puede tener todo en la vida, y hay cosas que son incompatibles. Después de lo que yo sentí como una puñalada trapera, mi vida no podría ser la misma, y no por un pseudoamor, que al fin y al cabo, yo sabía que no iba a llegar a ninguna parte, sino porque la persona en la que más confiaba, la última persona que jamás hubiera pensado que me traicionaría, lo hizo, y por la espalda; con lo cual me gustara o no, mi vida iba a cambiar a partir de ese momento; más que nada, porque ya no podría contar con esta persona para compartir secretos, salir o charlar como si nada hubiera pasado. Aquí se produjo un antes y un después. Sí, mi vida era tan sosa, que se había centrado demasiado en una única cosa, que se había roto; algo que no se debe de hacer, al menos eso es lo que he aprendido.

Superada la primera noche de decepción, y como dice una amiga mía (esta es de verdad), en la dificultad está la oportunidad, y en unas horas, planifiqué el resto de mi vida. Como ya no tenía sentido quedarme en una ciudad que no me aportaba nada en ningún sentido, y que lo único que me ataba a ella eran ciertos vínculos de amistad, que me habían demostrado que no se le daba la misma importancia que yo, ¿Por qué no hacer lo que siempre había dicho que haría? Irme. Siempre decía que en algún momento me iría de la ciudad, pero cuando lo decía, no me lo creía ni yo, y de repente, surge la oportunidad. Mi hermana estaba trabajando en aquel momento en una ciudad que siempre había querido visitar; la llamé y le comenté lo que me había pasado. Como ella también de decepciones amistosas sabe más que yo, puesto que en mi familia le damos una importancia asquerosa a la nobleza y a la amistad, me apoyó inmediatamente, y me dijo que me fuera con ella.

Lo que son las cosas, desde aquel momento, se me pasó todo el dolor que había sentido hasta el momento. Tenía planes, y una vida que organizar en una semana, con lo cual, no quedaba sitio para la autocompansión y el rencor, y otro tipo de sentimientos que no llevaban a ninguna parte. Eso sí, no me iba a quedar sin decir lo que pensaba a esta persona, para lo cual le había escrito una carta diciéndole como me había sentido con su actuación, y que no se preocupara por mi, ella había elegido y yo no sería un estorbo. Dos días antes de irme, esta persona me llamó por teléfono para hablar, se sentía mal y decía que me echaba de menos. Decidí hablar con ella, y me pareció muy cruel mandarle la carta desde donde empezaría mi nueva vida, sin darle turno de réplica, al menos se merecía una aclaración verbal. Así que quedamos, y le di la carta para que la leyera delante de mí. Desde luego no se esperaba para nada mi reacción. Precisamente era ella quien siempre me decía que era muy espontánea e impredecible. Como me imaginaba, me dijo que si dejaba su relación con su psedoamor, si cambiaría de opinión; “pues lo siento mucho, pero no, el mal ya está hecho; y lo que me ha dolido no es que me quitaras a un tío, puesto que hay mil, sino que pasaras por encima de mi y lo hicieras a mis espaldas. Además si te obligara a hacer eso, luego me acabarías odiando por obligarte a hacer algo que no quieres, con lo cual, no hay nada que hacer. Mi futuro no está aquí y me voy”.

Sin reaccionar y aparentemente muy triste, esta persona se fue a su casa, me dijo que se iba a su casa a pensar. Dos horas más tarde, me llama su pseudoamor con el mismo objetivo: convencerme de que no me fuera. Casi me hacía gracia, de repente, todo el mundo se preocupa por mí, y quiere que me quede. ¿Para qué? ¿Para animar vuestras sosas vidas o minimizar vuestro sentimiento de culpa? Ni hablar, ya me habéis demostrado lo que estáis dispuestos a hacer por mi.

En ese momento, cambio una premisa en mi vida, y la nueva, pasó a ser la siguiente: “Dar lo mismo que recibo”. Como dije antes, vivía en una utopía, y daba mucho por las personas que estaban a mí alrededor, sin recibir lo mismo, pero me daba un poco igual; tenía mis pequeñas decepciones, pero como era mi forma de ser, seguía haciendo lo mismo. Por suerte, pude cambiar y seguir el consejo que estas dos personas me dieron: “Tienes que pensar más en ti misma”. Pues si eso es lo que estoy haciendo, ¿porqué ahora me estáis intentando convencer de lo contrario?

En fin, acabemos con el motivo, y vayamos a los principios. Como todos los principios, son difíciles. Me vine sin nada, creo que tenía 300 € ahorrados en mi cuenta; vine sin trabajo y sin vivienda. Por supuesto, me podía quedar el tiempo necesario en casa de mi hermana, pero ya eran cuatro en esa vivienda, y yo siempre he querido tener mi espacio, con lo cual, tenía que darme prisa. Aparte que 300 € no dan para mucho, pero bueno, siempre me podía prestar la familia. No sé que hubiera hecho sin ellos. Mis pobres padres se quedaron de piedra cuando les dije que me iba definitivamente de la ciudad a buscarme la vida, dos meses antes se había ido mi hermana, y ahora me iba yo, en teoría por motivos laborales; tampoco les iba a contar mi problemilla. No lo hubieran entendido.

Como decía, los principios fueron difíciles, pero mirando hacía atrás, tampoco los recuerdo traumáticos, ya que tenía unas ganas locas de tener el control de mi vida. Y eso que el primer piso que vi, era de un tío muy raro, de unos 70 años, aficionado a tener parejas, casualmente de mi edad. También casualmente, el casero vivía en la misma casa que yo alquilaría, aunque para ello tuviera que dormir en una butaca del salón, y por supuesto, a compartir piso con otro chico sudamericano. Por si fuera poco, cuando me vio reticente, bajó el precio del alquiler, que ya de por sí era barato. Un poco sospechoso sí que era todo esto, ¿no?

Encontré otro piso, que tampoco era ningún chollo, pero con mis ganas locas de encontrar mi espacio, lo acepte. Compartía habitación con una chica de unos 50 años, separada, cuyo marido estaba en la cárcel por haber intentando quemar el piso con ella dentro. Y puedo decir que aún había huellos del incendio en el piso.

De lo malo, malo, mi nueva compañera de piso, me ayudó a buscar trabajo, y se convirtió en mi jefa. Por suerte, teníamos turnos contrarios, porque la verdad, esta chica, muy normal, tampoco era. Tenía una gran predisposición a actriz dramática… La de numéritos que tuve que aguantar… y yo haciéndome la tonta, haciendo como que no me daba cuenta de nada, ya que solo quería llamar la atención. En fin, un caso de señora. Todo se desencadenó, cuando vinieron dos amigas mías a verme, y mi querida compañera de piso, las echó de casa. En ese momento, pensé que ya iba siendo hora de cambiar de piso, y ya que estábamos, de trabajo.

Hasta ese momento, trabajaba en una cafetería, yo, que hasta ese momento, solo hacía café para mí, y no tenía ni idea de cómo se hacía. Pero todo se aprende, y estuve casi un año en este puesto, mientras acababa un idioma que me había quedado pendiente en mi antigua ciudad. Ya estaba en quinto de la escuela de idiomas, y no iba a dejarlo por una decepción. Tampoco le iba a dar tanta importancia a esta persona. Así que en cuanto acabé el curso, y ya podía buscar un trabajo, que no implicara levantarse a las cinco de la mañana, empecé a buscar nuevo piso y trabajo. De aquella, mi hermana también tenía problemas con un compañero de piso, que incluso había llegado a amenazarnos de muerte, con lo cual, dada la situación, ambas decidimos buscar vivienda juntas. Y la encontramos, ya en la gran ciudad, un piso a compartir con otro chico, y de paso, encontré un nuevo trabajo en una tienda de deportes. Pero mi objetivo era encontrar aquello para lo que había estudiado. Eso era lo que le había dicho a mis padres, y ya era hora de ponerse las pilas, que por otra parte, tampoco me venía mal.

Y así poco a poco, he pasado por tres trabajos más, ya de mi especialidad. En el primero de ellos, me timaron en el sueldo, no pagaban lo que me prometían. Duré 20 días, pero duré tan poco porque tuve la suerte de que me llamaron de otro sitio en el que había hecho la entrevista un par de meses antes. Y me fui a este nuevo trabajo, donde estuve casi dos años. Al principio todo muy bien, una oportunidad, experiencia y todo lo que una se dice para justificar un sueldo bajo, hasta que ya se ve que la falta de experiencia se ha quedado atrás y se es una figura bastante imprescindible en la empresa como para estar por debajo de los mil euros mensuales. Después de muchas protestas, negociaciones y largas, un día se le escapa al jefe que en esta empresa no se hacen excepciones, y que no va a haber aumento de sueldo ni ahora ni nunca. “¿Ah, si? Muy bien, mañana mismo empiezo a buscar otra cosa, que lo sepas, jefe”.

Cinco meses y nueve entrevistas después, conseguí lo que me propuse. Mejor trabajo con mejor sueldo, con reconocimiento personal, y con muchas ganas, pues cada día aprendo algo nuevo.

Lo mejor de todo, es que encontré en esta ciudad lo último que esperaba encontrar: mi pareja ideal. Ya había dicho que mi lema era dar lo mismo que reciba, y si eso significaba dar cero, pues daría cero, a partir de ese momento, lo más importante en mi vida (aparte de mi familia), sería yo misma. Y en esas estaba, disfrutando de mí individualidad, cuando apareció alguien que tenía todo lo que yo había estado buscando en un hombre. Porque en pleno apogeo de mi individualidad, había hecho un listado con las condiciones que tendría que tener que el hombre que estuviera a mi lado, y si no tenía todo eso, pues prefería estar sola a tener que renunciar a lo que yo buscaba. Y ahí estaba yo, tan chula, tan individual e independiente, cuando aparece mi hombre ideal y me pide compartir mi vida. Está claro que no me pude negar.

Con lo cual, llevo aquí cuatro años, los cuatro años más felices de mi vida. Tanto es así, que incluso debería llamar a esa persona que me traicionó y a su pseudoamor y darles las gracias por abrirme los ojos. Lástima que haya borrado sus números de teléfono…

2 comentarios:

  1. Me encanta este nuevo blog, bueno también me gusta el otro, pero seguro que en este, anónimo, podemos expresarnos aún mas libremente y poner todo lo que nos apetezca.
    Sólo una cosa, yo creo que no hace falta poner el texto en negrita, casi me dejo la vista leyendo....
    besosss

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  2. Ehhhhhh me mola mucho más este color y el cambio de look del blog

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