Es la segunda vez en un breve periodo de tiempo que mi pareja me sorprende con esta frase.
Por supuesto mi reacción después de oír esto, no puede ser muy positiva. Especialmente si la pronuncia después de hablar de su hermana; su hermana, la que tiene cuarenta años y sigue viviendo en casa de sus padres, la que nunca ha tenido pareja por el pánico que siente a los hombres y al sexo (yo creo que fomentado por una educación estricta por parte de su madre, me diga lo que me diga mi pareja) la que no tiene trabajo y últimamente ni siquiera tiene intención de encontrarlo, ya que ya ha encontrado a quien le pague la hipoteca alquilando el piso que tiene en propiedad, al que nunca se ha ido a vivir, porque se está muy bien en casa de papá y mamá; la que no está motivada a encontrar trabajo porque eso supone relacionarse con la gente, y la gente, a veces, aunque sea de broma, habla de sexo o cuenta chistes verdes, cosa que esta chica no soporta y entonces se ve obligada a abandonar el trabajo de un día para otro. Pero independientemente de que esta chica tenga un montón de cosas que afrontar y superar; pues… a ver… que después de hablar de ella, tu pareja te diga que “sois todas iguales”… bueno, me siento equiparada a ella… y vamos, como que no, que por ahí no paso.
Pero no he venido hasta aquí para criticar a mi futura cuñada ni a afilar mis uñas en el teclado contra ella (aunque no lo parezca, y eso que sería un día propicio para hablar de cuñadas malévolas, ya que hoy una amiga mía me ha contado la humillación que la ha hecho pasar una cuñada con síndrome de inferioridad; pero eso lo dejaré para otro día en que me apetezca ser aún más cruel).
Continúo: Así que después de la frase de la discordia, hemos tenido una pequeña charla, (pacífica, eso sí, sin una voz por encima de otra), en la que le he dejado claro que no me gusta nada, pero nada, que me suelte frases de ese estilo. Más aún, cuando en momentos empalagosos no hace más que repetirme que le gusto porque soy totalmente diferente a las chicas que conoce (…). Y es que si somos todas iguales, como ha dicho en ese arrebato de hartazgo, pues bueno, por esa regla de tres, le daría igual estar conmigo que con una de las citadas chicas que conoce. Total, solo cambia el envoltorio, si somos todas iguales, pensamos todas igual, y nos comportamos todas igual… que más da una que otra, que pillaremos todas los mismos berrinches por chorradas, y nos emocionaremos con las mismas cosas. Todo se limitaría en elegir si apetecen rubias, morenas o pelirrojas, altas o bajas, delgadas o gorditas; según el día.
Si me acojo a esa frase, yo también podría decir la típica frase de “Todos los hombres sois iguales”. Pero no lo digo. Ya que si realmente fuera así, yo no estaría con él. Hace tiempo que había decidido renunciar a estar con chicos/hombres que no me aportaran nada, hasta que apareció él: totalmente diferente y único a todo lo que me había encontrado hasta el momento. A mi me enseñaron en la universidad que cada individuo es único e irrepetible y rico en su individualidad. Podemos tener ciertos patrones de comportamiento por género, pero ni todas somos iguales, ni todos los tíos son unos cabrones (total… puestos a generalizar, esto también se oye mucho entre el género femenino).
Bueno, al menos creo que a mi pareja por esta vez le ha quedado claro. Parece ser que la última vez que me dijo esta frase ha pasado a la papelera cerebral, pero como dice el chiste que compara a las mujeres con un ordenador: “Las mujeres se parecen a los ordenadores en que tienen una memoria de la ostia….”
Por supuesto mi reacción después de oír esto, no puede ser muy positiva. Especialmente si la pronuncia después de hablar de su hermana; su hermana, la que tiene cuarenta años y sigue viviendo en casa de sus padres, la que nunca ha tenido pareja por el pánico que siente a los hombres y al sexo (yo creo que fomentado por una educación estricta por parte de su madre, me diga lo que me diga mi pareja) la que no tiene trabajo y últimamente ni siquiera tiene intención de encontrarlo, ya que ya ha encontrado a quien le pague la hipoteca alquilando el piso que tiene en propiedad, al que nunca se ha ido a vivir, porque se está muy bien en casa de papá y mamá; la que no está motivada a encontrar trabajo porque eso supone relacionarse con la gente, y la gente, a veces, aunque sea de broma, habla de sexo o cuenta chistes verdes, cosa que esta chica no soporta y entonces se ve obligada a abandonar el trabajo de un día para otro. Pero independientemente de que esta chica tenga un montón de cosas que afrontar y superar; pues… a ver… que después de hablar de ella, tu pareja te diga que “sois todas iguales”… bueno, me siento equiparada a ella… y vamos, como que no, que por ahí no paso.
Pero no he venido hasta aquí para criticar a mi futura cuñada ni a afilar mis uñas en el teclado contra ella (aunque no lo parezca, y eso que sería un día propicio para hablar de cuñadas malévolas, ya que hoy una amiga mía me ha contado la humillación que la ha hecho pasar una cuñada con síndrome de inferioridad; pero eso lo dejaré para otro día en que me apetezca ser aún más cruel).
Continúo: Así que después de la frase de la discordia, hemos tenido una pequeña charla, (pacífica, eso sí, sin una voz por encima de otra), en la que le he dejado claro que no me gusta nada, pero nada, que me suelte frases de ese estilo. Más aún, cuando en momentos empalagosos no hace más que repetirme que le gusto porque soy totalmente diferente a las chicas que conoce (…). Y es que si somos todas iguales, como ha dicho en ese arrebato de hartazgo, pues bueno, por esa regla de tres, le daría igual estar conmigo que con una de las citadas chicas que conoce. Total, solo cambia el envoltorio, si somos todas iguales, pensamos todas igual, y nos comportamos todas igual… que más da una que otra, que pillaremos todas los mismos berrinches por chorradas, y nos emocionaremos con las mismas cosas. Todo se limitaría en elegir si apetecen rubias, morenas o pelirrojas, altas o bajas, delgadas o gorditas; según el día.
Si me acojo a esa frase, yo también podría decir la típica frase de “Todos los hombres sois iguales”. Pero no lo digo. Ya que si realmente fuera así, yo no estaría con él. Hace tiempo que había decidido renunciar a estar con chicos/hombres que no me aportaran nada, hasta que apareció él: totalmente diferente y único a todo lo que me había encontrado hasta el momento. A mi me enseñaron en la universidad que cada individuo es único e irrepetible y rico en su individualidad. Podemos tener ciertos patrones de comportamiento por género, pero ni todas somos iguales, ni todos los tíos son unos cabrones (total… puestos a generalizar, esto también se oye mucho entre el género femenino).
Bueno, al menos creo que a mi pareja por esta vez le ha quedado claro. Parece ser que la última vez que me dijo esta frase ha pasado a la papelera cerebral, pero como dice el chiste que compara a las mujeres con un ordenador: “Las mujeres se parecen a los ordenadores en que tienen una memoria de la ostia….”
Je je, pues no, no somos todas iguales, por ejemplo tu y yo somos excepcionales..... son sólo algunas petardas las que nos dan la mala fama.
ResponderEliminarOye se me está ocurriendo que podrias escribir una entrada sobre las cosas que "muchas tías" siempre hacen y nosotros no compartimos, por ejemplo vivir de los tíos, cabrearse por chorradas, fingir que les gusta menos el sexo que a ellos y no se cuantos mitos más que tu, yo, y algunas más no compartimos.
En cuanto a ellos, si son parecidos, pero de vez en cuando aparece alguno normal para demostrar que las generalizaciones ni son buenas ni ciertas.
Por cierto tengo una letra nueva para añadir a la chorboagenda que apunta maneras, ya veremos...
besote