viernes, 22 de marzo de 2013

HABLEMOS UN POCO DE LA AMISTAD



Últimamente estoy empezando a pensar que la amistad está sobrevalorada.

Hace poco leí en un libro que uno de los secretos de la felicidad es no esperar nada de la gente. Fácil... Si no esperas nada de nadie, y no tienes expectativas sobre lo que puedas esperar de la gente, no te defraudarán y en consecuencia, serás más feliz, o mejor dicho, menos infeliz.

Al fin y al cabo, amigos de verdad, hoy en día, en esta sociedad, hay bien pocos, y como hoy estoy pesimista, podría decir que ninguno. Tenemos gente alrededor a los que llamamos amigos, que vemos más o menos poco debido, mayoritariamente, a nuestro ritmo de vida, y pasamos ratos agradables con ellos, y hasta se podría decir que nos lo pasamos bien. Supongo que es por eso, porque la frecuencia es escasa. Y no quiero decir con esto que sean malas relaciones de amistad, seguramente se trata de buena gente queriendo estar con buenas personas, con las que tienen algún interés común y quieren disfrutar de una mutua compañía agradable. Al fin y al cabo, por algo nos buscamos, ¿no?

Pero trabajar la amistad... es otra cosa. Prácticamente es como un matrimonio, hay que trabajarlo cada día, mantener el contacto, cuidar la amistad, mimarla, y no dar por sentado, que por el hecho de tener un mejor amigo o amiga, ya está, va a estar ahí para siempre. Tal vez sí, tal vez no, pero a la larga, si eso no se cuida y se mantienen unos mínimos, como cualquier tipo de relación, se acabará enfriando y probablemente se acabe convirtiendo  en uno de esos tipos de amistades con los que se queda de vez en cuando, que el encuentro es agradable, (o no...), a quien ya no le puedes contar todas tus confidencias, problemas, inquietudes, ni contarle como te sientes, porque hace tanto tiempo que no se tiene contacto, que para que te entienda hay que remontarse tanto en el tiempo y en los recuerdos que es agotador. Por lo que a la pregunta de "¿Cómo te va todo?" es más fácil responder con un "Bien" y ponerse a hablar de cosas más triviales.

En mi caso personal, siempre me pasa un poco lo mismo. En las relaciones que yo llamo de amistad, creo que doy mucho, exactamente todo lo que me gustaría recibir a mí, pero por varios motivos, casi nunca es así. Me acabo golpeando contra un gran muro de piedra y haciendo daño al esperar unos mínimos de amistad o consideración, que me parecen normales; y cuando no los recibo, me llega la frustración, el enfado y el mal rato.

A veces pienso que debería ser más fría, dar exactamente lo que recibo, no esperar nada de la gente para luego no tener sentimientos frustrantes, e intentar ser un poco más feliz. Pero por otra parte, pienso... "Esa no sería yo"... porque de la misma manera que paso malos momentos cuando me decepcionan, también paso muy buenos momentos dándolo todo en mis relaciones de amistad, disfrutando de ella, y viendo como disfrutan también mis amigos, sorprendiéndoles, haciéndoles reír, haciéndoles un regalo sin que sea por ningún motivo especial, salvo por el hecho de que sé que les encantará, ver sus caras de sorpresa e ilusión... sentimientos que me hacen sentir que estoy viva y viviendo. Y esos momentos, hasta ahora han sido muchos más que los decepcionantes, aunque he de reconocer que estos últimos me pesan más ahora mismo.

Y es que, precisamente en este instante, estoy en uno de esos momentos de enfado, rabia, frustración, por algo que esperaba de alguien, que no me parecía demasiado, y no lo he recibido, produciéndome sentimientos confusos, pues estoy muy enfadada, porque sé que lo que yo esperaba de esta persona, yo lo hubiera hecho por ella con los ojos cerrados. Pero bueno, está claro que no puedo cambiar a la gente, aunque lo que sí puedo hacer es decidir de quien quiero rodearme.

Solo espero que estas situaciones, no se repitan mucho, y no acabar siendo un tipo de persona que para no sufrir, renuncie también a amar. Ya no sería yo.

Ya no sería el espejo de mi reflejo. 

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