Últimamente estoy empezando a
pensar que la amistad está sobrevalorada.
Hace poco leí en un libro que uno
de los secretos de la felicidad es no esperar nada de la gente. Fácil... Si no
esperas nada de nadie, y no tienes expectativas sobre lo que puedas esperar de
la gente, no te defraudarán y en consecuencia, serás más feliz, o mejor dicho,
menos infeliz.
Al fin y al cabo, amigos de
verdad, hoy en día, en esta sociedad, hay bien pocos, y como hoy estoy
pesimista, podría decir que ninguno. Tenemos gente alrededor a los que llamamos
amigos, que vemos más o menos poco debido, mayoritariamente, a nuestro ritmo de
vida, y pasamos ratos agradables con ellos, y hasta se podría decir que nos lo
pasamos bien. Supongo que es por eso, porque la frecuencia es escasa. Y no
quiero decir con esto que sean malas relaciones de amistad, seguramente se
trata de buena gente queriendo estar con buenas personas, con las que tienen
algún interés común y quieren disfrutar de una mutua compañía agradable. Al fin
y al cabo, por algo nos buscamos, ¿no?
Pero trabajar la amistad... es
otra cosa. Prácticamente es como un matrimonio, hay que trabajarlo cada día,
mantener el contacto, cuidar la amistad, mimarla, y no dar por sentado, que por el hecho de tener un mejor amigo o
amiga, ya está, va a estar ahí para siempre. Tal vez sí, tal vez no, pero a la
larga, si eso no se cuida y se mantienen unos mínimos, como cualquier tipo de
relación, se acabará enfriando y probablemente se acabe convirtiendo en uno de esos tipos de amistades con los que
se queda de vez en cuando, que el encuentro es agradable, (o no...), a quien ya
no le puedes contar todas tus confidencias, problemas, inquietudes, ni contarle
como te sientes, porque hace tanto tiempo que no se tiene contacto, que para
que te entienda hay que remontarse tanto en el tiempo y en los recuerdos que es
agotador. Por lo que a la pregunta de "¿Cómo te va todo?" es más
fácil responder con un "Bien" y ponerse a hablar de cosas más
triviales.
En mi caso personal, siempre me
pasa un poco lo mismo. En las relaciones que yo llamo de amistad, creo que doy
mucho, exactamente todo lo que me gustaría recibir a mí, pero por varios
motivos, casi nunca es así. Me acabo golpeando contra un gran muro de piedra y
haciendo daño al esperar unos mínimos de amistad o consideración, que me
parecen normales; y cuando no los recibo, me llega la frustración, el enfado y
el mal rato.
A veces pienso que debería ser
más fría, dar exactamente lo que recibo, no esperar nada de la gente para luego
no tener sentimientos frustrantes, e intentar ser un poco más feliz. Pero por
otra parte, pienso... "Esa no sería yo"... porque de la misma manera
que paso malos momentos cuando me decepcionan, también paso muy buenos momentos
dándolo todo en mis relaciones de amistad, disfrutando de ella, y viendo como
disfrutan también mis amigos, sorprendiéndoles, haciéndoles reír, haciéndoles
un regalo sin que sea por ningún motivo especial, salvo por el hecho de que sé
que les encantará, ver sus caras de sorpresa e ilusión... sentimientos que me
hacen sentir que estoy viva y viviendo. Y esos momentos, hasta ahora han sido
muchos más que los decepcionantes, aunque he de reconocer que estos últimos me
pesan más ahora mismo.
Y es que, precisamente en este instante,
estoy en uno de esos momentos de enfado, rabia, frustración, por algo que
esperaba de alguien, que no me parecía demasiado, y no lo he recibido,
produciéndome sentimientos confusos, pues estoy muy enfadada, porque sé que lo
que yo esperaba de esta persona, yo lo hubiera hecho por ella con los ojos
cerrados. Pero bueno, está claro que no puedo cambiar a la gente, aunque lo que
sí puedo hacer es decidir de quien quiero rodearme.
Solo espero que estas
situaciones, no se repitan mucho, y no acabar siendo un tipo de persona que para
no sufrir, renuncie también a amar. Ya no sería yo.
Ya no sería el espejo de mi
reflejo.
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